-¿Lo recuerdas? -¿Mm?- me miras extrañado sosteniendo con ambas manos tu taza de café.
-¿Recuerdas cuando eramos niños... y yo usaba ese hermosos vestiido azul jaja y tú decías que parecía una de esas muñecas de porcelana que mi hermana tenía en toda su habitación y que a mí me asustaban?
-Sí, lo recuerdo, recuerdo que adoraste el vestido desde el momento en que tu padre entro en la casa con el, sin envolturas para que no la destrozaras de las ansias y qué enseguida usaste.
-¿Recuerdas lo que paso ese día?
-¿Qué si lo recuerdo? como podría olvidarlo, te veías preciosa, una de las pocas veces que en verdad parecías una niña de la alta sociedad como corresponía, porque recuerdo que odiabas vestir todos esos vestidos con olanes y esas cosas.
-¡Díos! es que apretaban tanto, esos adornos hacían que una pareciera globo- suspire recordando ese día, sabiendo que el tendría el mismo pensamiento en su cabeza.
Era Junio, sí el amado verano, creo que era el verano de mis 12, yo estaba sentada en el jardín esperando a que llegaras, Amelia estaba jugando, como decías con las muñecas diabolicas, ambas inquietas porque papá volvería por fin de su viaje, solo habían sido dos semanas, había veces que se marchaba por meses, pero esta vez era verano, y notabamos su asencia más que nunca.
Tú ibas a casa todos los días, a veces con tus hermanos, muchas con tu mamá, los tres, Amelia, tú y yo sabíamos que había algo entre nuestro padre y tu madre; sin embargo ignorarlo era más práctico que aceptar que nos volveríamos hermanos, ¿Por qué?... bien que lo sabes, porque si nos volviamos hermanos entonces sería mal visto que Amelia se casara contigo, porque ella bien enamorada que estuvo de tí desde un principio y ¿Yo? seguramente te preguntaras, pues sí no se para que lo dudas, yo estuve enamorada de ti desde papá anuncio que vendrías a vivir a la ciudad, aunque yo tenía 4 años y en mi vida te había visto, pero tu nombre... era más bien que me enamore de tu nombre.
Llegaste a casa con tu madre, ella venia porque papá estaba de regreso, y el pequeño Louis también acompañaba, tu odiabas que el viniera a acompañarte, porque nunca podíamos jugar en el lodo; a pesar de que teníamos 14 y 12 respectivamente y ya no eramos tan niños como para jugar en el lodo, si el venía (sigo sin saber el por qué).
Sarah trajo el té y Amelia bajo rapidamente al notar que estabas en casa, aun recuerdo lo sonrojada que se veía cada vez que sus miradas se cruzaban y la sonrisa que le dedicabas.
Mientras tomabamos el té nos contabas de una enorme lagartija que habías atrapado, Amelia sorprendida de tu valentia al agarrar al bichejo y yo moría de emoción por verla y rogandote que pronto la trajeras.
Después le rogamos a tu madre que nos dejara ir a los jardines traseros, claro Amelia negandose pues no quería ensuciar su ropa, pero yo estaba harta de esperar a papá sentada, necesitaba un poco de acción; sin embargo en ese momento un hombre alto y guapo (como yo siempre lo había visto) entraba con una deslumbrante sonrisa, agachandose ya sabiendo que Amelia y yo correriamos a abrazarlo enseguida.
Justo como estaba predecido corrimos hacia él, a Amelia esta vez no le importo mucho su postura como señorita de sociedad y estoy segura que casi se le salían las lágrimas.
Después de que lograran separarnos de papá, él se sento a lado de tu madre sonriendole a modo de saludo (seguían tratandode ocultarnos lo suyo...) y te miro, con orgullo, pues todos nos habíamos dado cuenta de lo mucho que habías crecido ese verano y mi padre te veía como su propio hijo.
Historia inconclusa... :) que pronto regresara a proyecto en lista
Mirza Pantoja, 21 de noviembre de 2010
Azrim
No hay comentarios:
Publicar un comentario